El Feedlot Experimental de Sinsacate es un lugar de ciencia, pero en su corazón, ahora hay un espacio que responde con otro lenguaje: el de la madera, el cuero y el tiempo lento. Biofarma, un gigante de la nutrición animal, no quería amueblar una sala. Quería construir un refugio, un punto de encuentro donde la hospitalidad fuera tan tangible como el trabajo que se hace ahí.
Para darle forma a esa visión, Marcelo, el alma de la firma, llamó a Renzo Galeano. El encargo era más un pacto que un pedido: crear piezas que respiraran la esencia del campo argentino, con la elegancia necesaria para concluir en un acuerdo o estudio. Fue un desafío “de esos a los que Marcelo ya nos tiene acostumbrados”, según Renzo, que impulsado por la mirada empresarial de superación constante que Marcelo inspira, apostó por hacer piezas grandes con pocas herramientas. Jugando con medidas y tamaños nuevos.
En un mundo de automatización, la respuesta fue el oficio. La poesía de lo artesanal. Renzo y su equipo fabricaron piezas monumentales con herramientas tradicionales, poniendo el alma en cada ensamblaje. El resultado es un despliegue de diseño criollo contemporáneo: una barra imponente de cinco metros y medio, vestida en cuero, espera para recibir las historias del día. Una mesa de más de cuatro metros y un mueble central de casi seis no solo dominan el espacio, sino que ocultan con ingenio la climatización y custodian una vinoteca. Incluso las sillas y banquetas fueron pensadas para que el almuerzo criollo se sintiera como el preludio de algo grande.
Lo que Renzo Galeano diseñó en Sinsacate trata de ser una declaración de principios más que solo una ambientación. Las texturas orgánicas no compiten con la innovación de Biofarma. Los invitados del mundo no solo aprenden sobre ciencia, también se sumergen en una atmósfera que huele a campo. Es, en definitiva, el lugar donde la ciencia se quita el guardapolvo y se sienta a charlar con la tradición.















