En Salsipuedes, entre las sierras de Córdoba, La Higuerita funciona como un club de polo pero también es el búnker de una pasión. Cuando Juanjo Liprandi decidió que el refugio de los jugadores necesitaba un alma, no buscó un decorador de catálogo. Llamó a Renzo Galeano, con quien comparte algo más que el gusto por lo estético: una amistad forjada en el respeto por el oficio.
Diseñar para el “después” del partido
La consigna de Renzo fue vivencial más que estética. El polo es un deporte de adrenalina y acción, y el espacio de La Higuerita debía ser el contrapunto exacto: el lugar del descanso, del asado que se vuelve eterno y de la charla técnica que termina en risas.
“No se trataba de decorar, se trataba de dar cobijo”, explica Renzo.
El desafío era crear muebles que no tuvieran miedo de ser usados. Piezas de escala generosa que aguanten el peso de las historias y el paso del tiempo.
El lujo de lo auténtico
En un diálogo constante con Liprandi, Renzo fue “vistiendo” el club house con una selección de materiales nobles: maderas con carácter, elegidas por su nobleza, para que cada mesa sea el centro de gravedad de las reuniones. Cueros que cuentan historias, materiales que invitan al tacto y que, lejos de arruinarse con el uso, ganan personalidad con cada temporada. Líneas puras, un diseño que huye de los clichés del “estilo campo” recargado, apostando por una elegancia cruda y contemporánea.
Lo que Renzo Galeano logró en La Higuerita es un homenaje a la identidad ecuestre. Al final del día, cuando el sol cae sobre las canchas y el equipo se reúne, el mobiliario de Renzo cumple su verdadera función: no ser un objeto de exhibición, sino el escenario silencioso de una amistad que, como la buena madera, solo mejora con los años.















